¿Cuantas veces perdemos por miedo a perder?


¿Cuántas cosas perdemos por miedo a perder?
¿Qué harías si no tuvieras miedo? ¿ Con quien estarías? ¿Cómo sería tu vida? ¿A cuántas cosas has renunciado por miedo a fracasar o a ser rechazado? ¿Qué quieres hacer con tu miedo? …

miedo
Este es el tipo de preguntas que nos sitúa ante la responsabilidad de la vida que hemos decidido vivir. Con mayor o menos grado de consciencia y/o aceptación, las personas vivimos la vida que hemos elegido vivir. Cuando nos sentimos insatisfechos, desmotivados, tristes… y miramos hacia fuera señalando en el exterior la causa de nuestra infelicidad (mi jefe, mi trabajo, mi pareja…), nos olvidamos de la cuestión fundamental, que reside en nosotros mismos y que es, a su vez, el motor del cambio; esa cuestión es, la libertad, para vivir como vivimos, trabajar donde trabajamos y compartir la vida con quienes lo hacemos.

El miedo y el amor forman parte de nuestras vidas, sin embargo, hemos sido más entrenados para temer que para amar; incluso hoy, que se han incrementado los niveles de consciencia, que se supone estamos más preparados, el miedo sigue siendo nuestro peor enemigo.
Alguna vez en nuestras vidas hemos escuchado amenazas aparentemente inofensivas como: “Pórtate bien o te llevo al cuarto de la bruja, o al cuarto de las ratas, o me enfado y no juego contigo, o…” “Acábatelo todo que viene papá o mamá o la abuela y se enfada… Estas afirmaciones, aparentemente inocuas, van condicionando la respuesta emocional del niño y crean un patrón que, en la edad adulta, tiende a repetirse.

Si desde pequeños hemos sido “movidos” desde el miedo y lo hemos interiorizado; en nuestra vida adulta, sin darnos cuenta, también el miedo puede que nos bloquee. Ahora bien, somos seres capaces de liberarnos de nuestras ataduras; de aquellas que en un momento de nuestra vida hemos aprendido.mujer miedo

El coaching es una metodología que puede apoyarnos en el proceso de toma de conciencia, identificación y gestión de nuestros miedos.
Las cosas no son como son, son como somos nosotros.
Una misma situación, observada por dos personas diferentes, puede tener diferentes interpretaciones. Lo que a algunos de nosotros puede parecernos una oportunidad; a otros, puede parecernos una amenaza.

Cuando nos sentimos amenazados por una determinada situación, nuestro cuerpo acciona comportamientos que nos ayudan a liberar ese sentimiento. A veces huimos, escapamos de esa situación que nos genera tensión y nos hace sentir en peligro; otras veces atacamos, como una manera de aliviar la presión de sentirnos amenazados y otras veces; negamos la emoción, escondiendo los sentimientos verdaderos para no tener que enfrentarnos a ellos.

Cualquiera de estos comportamientos, están sustentados en el miedo y reducen sensiblemente la capacidad que tenemos las personas para valorar alternativas y generar soluciones.

Cuando aprendemos a vivir las situaciones como una oportunidad, generamos emociones más positivas que nos ayudan, a su vez, a generar más oportunidades de aprendizaje y crecimiento; saliendo fortalecidos de cualquier situación que aparezca en nuestra vida y nos toque gestionar. Las personas no siempre elegimos las circunstancias que nos rodean, sin embargo, es responsabilidad nuestra aprender a vivir con esas circunstancias, de la mejor manera posible.

Como decía Anäis Nin: “Y llegó el día en que el riesgo que representaba permanecer cerrada en el capullo era más doloroso que el riesgo de florecer”.

Mónica Moreno.
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