El triángulo dramático de Karpman


Hoy os traemos una herramienta usada en psicoterapia,  cuyo objetivo es el crecimiento y el cambio personal.

¿Te has preguntado alguna vez por qué atraemos al mismo tipo de persona a nuestra vida?

Yo si, siempre me he preguntado, por qué  atraigo a personas a quien cuidar,  hasta que he hecho consciente que cuido para que me quieran.

Hacer consciente nuestros mecanismos de manipulación nos hace libres. Nos hace relacionarnos de una manera más sana, más limpia. Aprendes a decir sí cuando quieres decir sí  y no cuando quieres decir no. Porque ya no tiendes a contentar a los otros para que te quieran. Te vuelves más auténtico, por  lo cual tus relaciones se vuelven más auténticas. Quien está a tu lado, es por que quiere estar, no porque tu lo «obligues» de alguna manera. ¿Hay algo más parecido al amor?.

 

 

Eric Berne, psiquiatra y fundador del Análisis Transaccional explica los juegos psicológicos como una forma disfuncional de buscar cubrir nuestras necesidades de atención, reconocimiento y afecto, aunque sea de una forma negativa.

Las personas, de manera inconsciente, jugamos a juegos psicológicos en nuestras interacciones con los demás, en los que la mayoría de las veces solemos adoptar un rol determinado.
Estos roles los aprendemos en la infancia, en contacto con la familia, y los repetimos en las relaciones actuales de nuestra vida diaria de modo inconsciente.
El Triángulo Dramático representa tres roles diferentes: Salvador, Perseguidor y Víctima. Estos son roles que se ejercitan de manera inconsciente y repetitiva. Se producen mediante intercambios verbales y no verbales. A estas transacciones comunicacionales del Triángulo Dramático se les llama juegos.
Las relaciones basadas en esas dinámicas son negativas, desgastando e intoxicando las relaciones.
Identificar qué posición adoptamos con más frecuencia cuando interactuamos con los demás, nos ayudará a ir poco a poco modificando esa conducta y a no entrar en los juegos psicológicos de otros.
Será fundamental por tanto comprender y neutralizar estos juegos para no recaer en ellos y mantener así relaciones equilibradas y saludables.

 

 

 

El victimista

El victimista cree que es víctima de los acontecimientos, de lo que le rodea, de lo que otras personas hacen. Pero solo lo cree. Tomando conciencia de ello puede empezar a ser una persona autónoma. ¿Por qué no lo hace? Porque hay muchos beneficios secundarios en seguir pareciendo una víctima…

Características del rol victimista
• Se posiciona en el niño herido, viviendo la vida desde la posición infantil de no poder hacer nada por cambiar sus circunstancias.
• Se queja de forma continua.
• Siente pena de sí mismo/a.
• Se siente herido, ofendido o manipulado en la mayoría de sus relaciones personales.
• Es muy dependiente de las personas cercanas.
• Juega al “sí, pero…” echando por tierra los intentos de ayuda que recibe.
¿Cuáles son esos beneficios secundarios que obtiene?
• No se responsabiliza.
• Manipula abiertamente a otros para que le consigan lo que no busca por sí mismo/a.
• Obtiene la energía de otros (les “chupa la energía” como un vampiro).
• Es “llevado”, como un bebé.

 

El salvador

Adoptar un rol salvador, te convierte en una especie de madre/padre bueno que adivina las necesidades de todos los que le rodean y se apresura a satisfacerlas. Lo que aparentemente son buenas intenciones, no es más que una forma de manipulación.
El salvador no permite a los demás que resuelvan sus problemas por sí mismos, ni tampoco se permite a sí mismo tener necesidades, de manera que los demás tampoco las pueden percibir. Además, el rol salvador encaja a la perfección con el rol victimista, por lo que los radares de ambos estarán en busca de su complementario.

 

Características del rol salvador

  • Se siente responsable del bienestar ajeno, poniéndose por encima de la otra persona en cuanto a lo que le conviene: cae en el paternalismo.
  • Busca complacer a los demás al precio de perder sus propios objetivos.
  • Evita el conflicto para potencialmente evitar el rechazo.
  • Se mantiene alejado de la profundidad emocional.
  • Busca su valoración fuera de sí mismo.
  • Puede caer en comportamientos de mártir.
  • Pueden ser encubridores pasivos de conductas que les desagradan.

¿Cuáles son esos beneficios secundarios que obtiene?

  • Una gran sensación de poder sobre los demás: “yo sé lo que les conviene”.
  • Manipula abiertamente a otros para mantener un equilibrio sin conflictos.
  • No necesita averiguar qué siente.
  • Evita el dolor emocional al no profundizar en las relaciones.
  • La sociedad puede percibirse como un espíritu caritativo que se sacrifica.

 

El perseguidor

El rol perseguidor es un tipo de comportamiento que justifica un guión de vida, es un rol que aparenta mucha fuerza y vehemencia. El perseguidor siempre está alerta, en busca de aquellos que no están con él, porque eso significa que están en contra (y equivocados), de manera que puede cebarse con el rol victimista e incluso con el rol salvador.
El perseguidor es muy perfeccionista y tiene muy activo su crítico interno, que no duda en proyectar hacia afuera. Lo que logra es ocultar todo atisbo de debilidad que pudiera poner de manifiesto sus necesidades de relajo y disfrute o sus carencias.

Características del rol perseguidor

  •  Ejerce su poder sobre los demás, como si estuviese en un campo de batalla, debido a su complejo de superioridad.
  • Desaprueba conductas, es el juez de los que le rodean, se siente en posesión de la verdad y por tanto el resto pueden ser señalados por su dedo acusador.
  • A veces se presenta como una víctima de aquellos que no se someten a sus indicaciones.
  • Está a la caza de los fallos ajenos para señalarlos rápidamente, y cuando los encuentra, la emoción que manifiesta es la rabia.
  • Vive en un mundo de blanco o negro: o conmigo o contra mí.

 

¿Cuáles son los beneficios secundarios que obtiene?

  • Obtiene una fuerte sensación de poder: “¡Gané la batalla!”
  • Toma su energía de todos los que están equivocados.
  • Oculta su vulnerabilidad, aparece como un ser intachable.
  • Su perfeccionismo le proporciona aceptación de la sociedad.
  • Se reserva un papel de “ángel vengador”.

 

Los tres roles interactúan en un juego psicológico. Estos,son una forma de relacionarse que se basa en la manipulación abierta del otro, y en los que los jugadores, al final, terminan con una sensación de pérdida de energía ya que no se obtiene los resultados deseados.
Los tres roles comienzan justificando su rol, y van cambiando de uno a otro según se desarrolla la dinámica. Puede que tengas una tendencia clara a actuar según uno de los roles, pero la interacción con otro de ellos puede hacerte pasar a un rol distinto.
Victimista, salvador y perseguidor se persiguen. Los tres roles se posicionan en un triángulo “dramático” y van pasando por los otros roles, “persiguiéndose”

Los tres roles del Triángulo acaban siempre sintiéndose mal, generalmente intentan mejorar cambiando de rol:

  • El Salvador cansado de salvar pasará a perseguir a la Víctima.
  • La Víctima intentará salir de su pasividad persiguiendo al Perseguidor o al Salvador.
  • El Perseguidor acabará teniendo mala conciencia y esto le llevará a hacer de Salvador.

 

 

“Dos no juegan si uno no quiere”
Es lo que dice el refrán, y desde luego es el “truco” para salir del triángulo dramático de Karpman, y comenzar a vivir otra forma de relación más consciente, sólo depende de tí continuar en una relación de juego con los demás, o dejar de jugar y comunicarte desde otro lugar.
Romper estos juegos es el primer paso para obtener situaciones y relaciones sanas y directas con los demás.

¿Qué hacer para romper los juegos psicológicos?:

  • Conocer la dinámica de los juegos psicológicos: De esta manera podemos hacernos conscientes de este mecanismo, para poder prevenirlo o detenerlo.
  • Pregúntate qué estás ganando jugando a ese juego. Te ayudará responder a esto mirando cuáles son tus carencias o necesidades más importantes.
  • Ignorar el juego: Cambiar de tema, retirarse de la escena,…
  • Ofrecer alternativas: Cambiar a un juego para “hacer algo en su lugar”. Si la persona aprende lo que debe hacer para cubrir sus necesidades, los juegos desaparecerán.

 

Hay muchas razones que justifican entrar en los juegos psicológicos, y la verdad es que si pudiéramos relacionarnos de una manera honesta, y si tuviéramos claro nuestro significado personal, no los necesitamos. Nuestra vida sería plena.

¿Quieres aprender a relacionarte de una manera más sincera? La respuesta es ser sincero con uno mismo y sentirte merecedor de Amor. No lo tienes por qué mendigar. El amor que se mendiga no es amor. Demandar amor te hace entrar en relaciones codependientes. 

El secreto para  no mendigar amor es ser adultos emocionalmente. Es aprender a darte tú  todo lo que buscas en los demás. Darte amor, darte reconocimiento, darte toda la atención.

Ámate sin esperar que nadie lo haga por ti. 

Mónica Moreno.

 

 

Fuentes:
EDWARDS, G. El triángulo dramático de Karpman. Editorial Gaia