Exigencia Vs Excelencia


Hola chic@s!

Espero que este post os pille tumbados en la playa disfrutando de las vacaciones.

Hoy os traemos una herramienta imprescindible en Coaching como son las distinciones.

En Coaching, utilizamos las distinciones como un medio para facilitar el aprendizaje del coachee. Las distinciones nos ayudan a observar las cosas con una mirada diferente y a reflexionar sobre nuestra forma de actuar. Cuando distinguimos algo nuevo, adquirimos un aprendizaje que amplía nuestra mirada, accedemos a una mayor y mejor comprensión de lo que nos rodea , nos ayuda a ampliar la mirada y así encontrar nuevas opciones y alternativas que antes no veíamos.

“Nuestro lenguaje forma nuestras vidas y hechiza nuestro pensamiento”

Albert Einstein

Dispuesto a observarte?

Desde niños se nos inculca la importancia de esforzarnos para dar lo mejor de nosotros mismos, para ser los mejores, para superarnos en los estudios y en el trabajo.

Con frecuencia encontramos personas que asumen este tipo de creencias con gran convicción y que se exigen enormemente a sí mismos. Esta exigencia se orienta sobre todo a obtener resultados para cumplir con el “mandato” infantil y complacer a otras personas (un padre, un maestro, un jefe…), olvidando muchas veces su propia necesidad, lo que es importante o deseable.

En este proceso de complacer y de cumplir con mandatos que vienen del exterior se encuentra mucha insatisfacción, porque la exigencia nunca se sacia, los logros nunca son suficientemente buenos, las cosas siempre pueden hacerse mejor… Desde este enfoque, son habituales los pensamientos enfocados a mirar lo que falta o lo que no se pudo completar y también las descalificaciones porque el esfuerzo no fue suficiente.

Las personas comprometidas con la exigencia tienen dificultades para separar “lo que soy” de “lo que hago”, así es que cuando las cosas salen mal lo viven como un gran fracaso; cuando los demás hacen una crítica, lo viven como una crítica personal y sienten amenazada su propia integridad o su profesionalidad. Las personas comprometidas con la exigencia tienen mucha más dificultad para aceptar otros puntos de vista y admitir críticas o sugerencias.

La excelencia, sin embargo, no mira tanto el hacer y los resultados, como el ser y mi compromiso con mis objetivos, con aquello que es prioritario para mí. La excelencia se centra en el proceso, en el camino, más que en la meta. En el camino hay aprendizaje, creatividad, potenciación de mis habilidades, disfrute, celebración…  Si algo sale mal, no soy yo, es una parte de mi hacer que se puede mejorar.

Las personas comprometidas con la excelencia viven el error como una oportunidad de aprendizaje, no como un fracaso. Buscan alternativas, aceptan otros puntos de vista, admiten las críticas y las sugerencias, porque no se sienten amenazadas y cualquier aportación es una oportunidad para seguir aprendiendo y avanzar hacia el objetivo.

La excelencia nos permite conectar con aquello que queremos realmente, lo que nos gusta y nos hace trascender. Por este motivo decimos que, desde la excelencia, la posibilidad de conseguir resultados aumenta considerablemente.

 

 

Te invito a que si estás interesado en las distinciones, leas el libro de Miriam Ortiz de Zárate, «No es lo mismo» en el cual está  inspirado este Post.

Hacernos conscientes de que nuestro lenguaje crea nuestra realidad nos  hace vivir desde la responsabilidad. Vivir desde nuestra responsabilidad nos hace poderosos. 

Si queréis que sigamos con más distinciones dejanos tu comentario.

Un beso a todos!

Disfruten de las vacaciones.

Mónica Moreno.