Integrar la sombra


 

“Cada uno de nosotros proyecta una sombra tanto más oscura y compacta, cuanto menos encarnada se halle en nuestra vida consciente. Esta sombra constituye, a todos los efectos, un impedimento inconsciente que malogra nuestra mejores intenciones.”

Carl Jung

 
Carl Gustav Jung, psicólogo y médico psiquiatra suizo, dedicó toda su carrera al estudio de la psique humana.  Este habla de la psique y no de la mente, porque, según el, la psique abarca todos los procesos de la mente, los conscientes y los inconscientes.  Jung llamó “sombra” a todos los aspectos ocultos o inconscientes de uno mismo, tanto positivos cómo negativos, que el ego ha reprimido o nunca ha reconocido.

Cuando éramos pequeños, nos dimos cuenta de que para ser aceptados en nuestro entorno familiar y social teníamos que ser de una forma determinada. Algunos de los rasgos que conformaban entonces nuestra personalidad sencillamente no encajaban en lo que se esperaba de nosotros. Por eso tuvimos que ocultarlos en algunos de los rincones de nuestro inconsciente, para que no afloraran en nuestra vida y pudieran dar lugar a lo que tanto temíamos, a que fuéramos rechazados.

Este yo que hemos construido tiene dos caras:
El personaje público,  la cara que mostramos al mundo. Jung la denomina la “máscara o personalidad”. Y es este yo quien determina lo que está bien/mal desde el punto de vista de sus propios intereses.
La otra cara es la que no queremos ver, en ella se encuentran nuestros miedos, preocupaciones, culpabilidades, vergüenzas, etc. En definitiva, en ella están todos y cada uno de los aspectos reprimidos; esos aspectos de nosotros mismos que no podemos mostrar al mundo porque si lo hiciéramos no seríamos aceptados por los demás. Es a esto, lo que Jung llama “la sombra”.
Jung define la sombra como el aspecto inconsciente de la personalidad caracterizado por rasgos y actitudes que el Yo Consciente, no reconoce como propios. El inconsciente lucha por mostrarse, pero es reprimido continuamente por el ego o personalidad, a lo que el también llama la máscara.

 

La proyección de la sombra

La sombra son los aspectos inconscientes u ocultos de una persona que no reconoce o que están reprimidos. Esto se puede atribuir tanto a los aspectos negativos como a los positivos. Por ejemplo, cuando admiramos a alguien por su carisma, podemos reconocer esa cualidad en el otro porque realmente la tenemos en la sombra.
Cuando tomamos conciencia de cómo nos proyectamos en los demás, cada relación se convierte en una oportunidad única de conocernos mejor. Según Jung, todo aquello frente a lo que nos emocionamos tiene que ver con nosotros. Aquellos aspectos que nos molestan de otras personas son atributos personales sobre los que hemos emitido un juicio, que opera de forma inconsciente, hasta que integremos la sombra. Todo aquello que el otro representa para mí, tanto positiva como negativamente, es un claro reflejo de lo que yo soy. El trabajo individual consiste en detectar, observar, reconocer y aceptar aquello que está en mi sombra. Cuando nos sentimos atacados, cuando nos molesta algo de alguien estamos viendo la proyección de nuestra propia sombra. Los temas que evitas, la incomodidad o una reacción excesiva a ciertas situaciones revelan tu miedo a exponer un aspecto vergonzoso de ti mismo, y evidencian que se acaba de tocar una parte sensible de tu sombra. Cuando uno aprende a reconocer su sombra deja de proyectar hacia el exterior y empieza a responsabilizarse de lo que es.

 

Integrar la sombra

Integrar la sombra implica reconocer y trabajar ambos lados: aceptar las cualidades de las cuales no nos enorgullecemos y, por otro lado, reconocer aquellas cualidades que nos abren nuevas posibilidades de ser y que no sabíamos que teníamos.

Integrar la propia sombra nos va a permitir convivir con nuestra luz y nuestra oscuridad. Nos va a permitir ser lo que somos. El que podamos integrar nuestra sombra es una cuestión de amor y aceptación. ¿En qué medida aceptamos nuestros aspectos más desagradables?  Si me acepto tal y como soy, acepto mi dualidad, acepto que en mí hay una parte de luz y una parte de sombra, porque esta es la naturaleza de los seres humanos, la dualidad es intrínseca a la condición humana, y debo aceptar que eso también forma parte de mí. La ira, la envidia, la rabia, el resentimiento, la frustración, la impotencia, la tristeza, la pena, la inseguridad y todos los demás derivados del miedo son emociones humanas que existen en mí y en todos nosotros, de modo que las acepto como parte de mi naturaleza.

 Acepta que en ti hay luces y sombras, o lo que vulgarmente se conoce como virtudes y defectos; no pasa nada, es algo inherente a la condición humana. En todos nosotros hay una parte de sombra y uno de nuestros problemas es que juzgamos esas sombras como malas y las reprimimos. Las escondemos, las guardamos a cal y canto, no queremos que nadie vea que eso existe en nosotros; pero, paradójicamente, cuando intentamos ser «buenos» y reprimimos nuestra sombra, esta nos come por dentro y sale a borbotones, continua tomando el control de nuestras vidas cuando bebemos, cuando llegamos a casa y estamos con la gente con la que tenemos confianza o cuando perdemos el control de nuestros actos.

Pretender que eso no está y no mirarlo solo lo alimenta. Aceptar que tengo un lado oscuro es el primer paso para integrarlo; integrarlo implica mirarlo, asumir que también forma parte de mí y dejarlo salir poquito a poco, aceptar su presencia y aceptar que no es malo en sí mismo, que eso está en mí y que a veces, cuando me pongo rabiosa, exigente o iracunda con alguien es mi sombra la que está actuando. Dejarla salir es una manera de darle luz. Cuando identificamos que la sombra ha salido y que es la que nos ha movido a actuar así, de modo que cada vez vaya teniendo más luz al reconocerla como parte de mí y de ese modo ir trascendiéndolo.

 

Y cuando integro todo lo que soy, me vuelvo más accesible, libre y auténtico.

Primero acéptate tal cual eres, deja de intentar cambiar, deja de intentar agradar a los demás, limítate a ser tú. Todos tenemos la necesidad de ser nosotros mismos con autenticidad; de vivir con una personalidad íntegra y completa. Es imposible vivir con plenitud sin integrar tu sombra. En definitiva, conocer ese lado oscuro que todos tenemos es una gran revelación que te da la fuerza que necesitas para conseguir todo lo que te propongas.

 

Y como decía Carl Rogers, “La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal cual soy, entonces puedo cambiar”.

 

 

Mónica Moreno.