Las cinco heridas del alma.


 

 

Todos llevamos dentro un niño herido, que era inocente, puro y espontáneo. Este fue creciendo y se encontró con dificultades y oposición a su inocencia y a su pureza. Esto generó traumas, e hizo que aprendiese a ver el mundo como un lugar hostil. Ese niño herido sólo quería que le quisieran y que le aceptasen. Así que a medida que se hacía mayor fue aprendiendo a ponerse máscaras buscando aceptación y amor.

Aceptar nuestras heridas es aprender a ser responsables y a amarnos incondicionalmente, y esa es la llave para la transformación y la sanación del alma.

La sanación se produce totalmente cuando nos aceptamos. El perdón hacia uno mismo es lo que finalmente nos sana, y para eso hay que aceptar que uno es responsable de todo lo que le ocurre. En el fondo, todos somos humanos, y aceptar nuestras limitaciones es lo que nos hace humildes y nos permite descubrir nuestra herencia divina.

No aceptar nuestra herida, sentirnos culpables, con vergüenza o juzgarnos, es atraer circunstancias y personas que nos harán sentir esa herida.

Aceptarla no significa que sea nuestra preferencia tenerla; significa que nos permitimos experimentarla sin juzgarnos y aprender de la experiencia. Mientras haya miedo, hay un juicio o creencia que bloquea su sanación. Cuando aprendemos a aceptar nuestras heridas estamos desarrollando el amor a nosotros mismos. Si no es así viviremos las experiencias una y otra vez hasta que podamos aceptarlas y amarnos a través de ellas.

 

“Nuestra alma elige los padres y las circunstancias de nacimiento por razones muy precisas. Venimos a experimentar una serie de vivencias para sanar una serie de heridas, y así integrar la personalidad con el alma. Venimos a aprender a aceptar y amar incondicionalmente partes de nosotros que hasta ahora han vivido ignoradas y con miedo. Somos atraídos hacia padres con heridas como las nuestras para recordarnos qué hemos venido a amar.”

-Lise Burbeu-

 

Al nacer vivimos principalmente para cubrir nuestras necesidades, que desea que es aceptemos junto con nuestras experiencias, defectos, debilidades, deseos…Todos tenemos esas necesidades. Sin embargo, nos damos cuenta de que cuando nos atrevemos a ser nosotros mismos, nos encontramos con que nuestros seres queridos nos corrigen, no nos aceptan como somos.De ello, deducimos que no es bueno ni correcto ser naturales.

Con objeto de reducir el dolor, el niño se resigna y termina por crearse una nueva personalidad para transformarse en lo que los demás quieren que sea y crea máscaras, que sirven para protegernos del sufrimiento. Estas nuevas personalidades o «defensas» son cinco, y corresponden también a cinco grandes heridas fundamentales que vive el ser humano.

 

Las cinco heridas del alma más comunes son:

– El rechazo: El miedo al rechazo es una de las heridas emocionales más profundas, pues implica el rechazo a nosotros mismos.
– El abandono: La soledad es el peor enemigo de quien vivió el abandono en su infancia.
– La humillación
: Esta herida se genera cuando en su momento sentimos que los demás nos desaprueban y nos critican.
– La traición:
Haber padecido una traición en la infancia construye personas controladoras y que quieren tenerlo todo atado y reatado.
– La injusticia:
La injusticia como herida emocional se origina en un entorno en el que los cuidadores principales son fríos y autoritarios.

No necesariamente tenemos las cinco heridas. Con sinceridad cada uno puede reconocer sus heridas. Si nos cuesta identificar nuestras heridas es porque nos ocultamos tras una máscara, que se construyó para no ver ni sentir esa herida.

 

Las máscaras de cada herida son las siguientes:

– Rechazo –> Retraimiento
– Abandono —> Dependencia
– Humillación –> Masoquismo emocional y mental
– Traición —> Control
– Injusticia –> Rigidez

 

Este post ha sido inspirado en el libro de  Lise Burdeu “Las cinco heridas del Alma que impiden ser uno mismo”. El cual recomiendo. A mi personalmente, me ha servido mucho, para conocerme, para ver cuales eran mis máscaras y de que dolor me estaba protegiendo. Son miedos, traumas, alomejor cosas que no pudimos asimilar en su momento por nuestra inmadurez. Es por esto que recomiendo este trabajo de auto observación, para reconocer cuando estamos reaccionando a un acontecimiento de una manera irracional, cuando en nuestra edad adulta seguimos usando esas máscaras que lejos de protegernos del dolor, nos hacen repetir una y otra vez los mismos patrones. Sin que seamos capaces de salir del dolor que nos causa nuestra herida.

La vida está llena de cambios, de ciclos de transformaciones y nuestra función es hacernos mejores cada día.  Aprendamos a valorar cada situación, cada persona y sobre todo a la vida misma que gira para regalarnos lo que necesitamos saber en cada momento.

Llénate de fortaleza y empieza a transformar tu realidad con la simple decisión de sanar, seguir adelante y ser FELIZ.

Mónica Moreno.