Sé tu mismo.


 

 

“No cambies para agradar a la gente, sé tú mismo y la gente correcta te querrá”

 

Guauuuuuu!!!  vi esta frase en redes sociales, que hizo en mi ese “click” que necesitaba para encontrar inspiración para escribir este post.

Durante mucho tiempo sentí la necesidad de cumplir las expectativas de los demás. Buscaba el reconocimiento externo y creeme, es agotador. Siempre me cuestionaba cómo era vista por los demás, poniendo siempre el foco fuera.  Creía que tenía que ser alguien diferente para ser amada y valorada. Eso hacía que no conectara con mi esencia y no fuese capaz de ver mis capacidades y fortalezas.

Cuando somos niñ@s, nos damos cuenta de que para ser aceptad@s en nuestro entorno familiar y social tenemos que ser de una forma determinada. Sentimos que el amor que recibimos es condicionado:«Te quiero, si eres de tal o cual manera…»  Algunos de los rasgos que formaban entonces nuestra personalidad sencillamente no encajaban en lo que se esperaba de nosotr@s. Por eso lo ocultamos, lo negamos  y reprimimos para que esto no diera lugar a lo que tanto temíamos, a  ser rechazad@s y no sentirnos querid@s. Entonces creamos nuestro Ego para protegernos, lo usamos como estrategia para obtener amor.

Me gustaría puntualizar que nuestros padres y educadores lo hicieron lo mejor que sabían, con el nivel de consciencia que tenían,  ya que a su vez, fueron educados por sus padres que lo hicieron lo mejor que supieron. No hay culpables.

Creía que si era lo que los demás esperaban de mí, me aceptarían. Y no te das cuenta de que estás «vendiendo tu alma al diablo” Porque como consecuencia, sientes el vacío de no estar conectad@ con tu esencia, con lo que realmente eres y empiezas a sentirte desmotivad@, sin rumbo, perdid@….

La vida en su magnífica perfección viene y te zarandea cuando necesitas aprender algo. La incomodidad de ser quien no eres se hace cada vez más pesada, más asfixiante.

Necesitaba aprender a quererme incondicionalmente, que era digna de amor por simplemente  «Ser». Esto es un proceso que se hace de un día para otro, esto requiere de un trabajo personal, de  autoconocimiento y de dedicación. Pero poco a poco te vas acercando cada vez más a ti mism@. Creo que es un viaje que tenemos que hacer todos.

 

Un día, llegó a mí un cuento que me hizo reflexionar. Cada vez que tengo oportunidad, se lo muestro a mis hijos, porque como madre, me doy cuenta de lo que es capaz de hacer el amor incondicional, la confianza y la aceptación de nuestros hijos tal como son.

Además, me gusta compartirlo con los niñ@s y adolescentes con los que trabajamos, para que recuerden  que son únicos y maravillosos y que se permitan ser quienes son, para así poder sacar de ellos mismos todo el potencial que se esconde en su individualidad. La grandeza que hay en ser quien realmente son.

Este, dice así:

 

Había una vez, un hermoso jardín, con unos manzanos, naranjos, perales, bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste.

El pobre tenía un problema: ¡No sabía quién era!.

“Lo que le falta es concentración”, le decía el manzano. “Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosísimas manzanas. Verás qué fácil es”.

“No lo escuches”, exigía el rosal. “Es más sencillo tener rosas, y ¡ve que bellas son!”. Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

 

 

Un día llegó al jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó: “No te preocupes. Tu problema no es tan grave.

¡Es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra!. Yo te daré la solución: “No dediques tu vida a ser lo que los demás quieran que seas. Sé tu mismo. Conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior”. Y dicho esto, el búho desapareció.

¿Mi voz interior?. ¿Ser yo mismo?. ¿Conocerme?”. Se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto comprendió. Cerrando los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: “Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso.

¡Estás aquí para dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje!. ¡Tienes una misión!. ¡Cúmplela!”. Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

 

Yo me pregunto: “¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer?. ¿Cuántos son rosales que, por miedo, sólo dan espinas?. ¿Cuántos naranjos hay que no saben florecer?”. En la vida todos tenemos un destino que cumplir, un espacio que llenar. No permitamos que nada nos impida conocer y compartir la maravillosa esencia de nuestro ser.

Tu trabajo, es volver a ser tú mismo. Y para regresar a ti mismo, no debes hacer otra cosa, que recordar cómo ser. Debes soltar todo el conocimiento que has adquirido y desaprender lo que has aprendido, para poder conectarte con tu propia sabiduría (la que está en tu corazón), para recuperar tu ritmo natural.

Tal vez, ahora te preguntes: «Pero ¿qué significa “ser” yo mismo y nada más?».

Ser tú, es ser feliz, es estar en paz contigo y con todo

Sé tú mismo, porque  como dicen, el resto de puestos ya están ocupados. Busca tu sitio, tu rinconcito, y apodérate de él. Céntrate en ti, en lo que quieres. Porque nada mejor en el mundo que interpretar tu propio papel, de escribirlo y reeditarlo las veces que hagan falta, pues al fin y al cabo, es tuyo.Es tu vida.

Sé tú mismo, porque serlo, puede ser todo un reto. Porque has de ser sincero contigo mismo,

Sé tú mismo, no te dejes llevar por la sociedad. Opta por el camino difícil,  el que te hará sentirte infinitamente orgulloso de ti mismo. El que, cuando llegues al final y eches la vista atrás, sientas que habrá valido la pena todo el esfuerzo. Cada paso dado, cada obstáculo superado, cada pequeña victoria, cada aprendizaje. Todo cuenta, no lo olvides. Muéstrate tal cual eres, con tus virtudes y defectos, tus manías y aciertos.

Permite que la persona que eres salga, sé tu mismo y no te preocupes si los demás no te aceptan.

Las personas que te aman y que de verdad importan seguirán a tu lado sin importar tus defectos.

 

Mónica Moreno.